Cuando las luces de la sala 6 de los cines Dreams se apagaron, debo reconocer que sentí vértigo.
Era la primera vez que proyectábamos Libby en pantalla grande; a mi lado estaba mi hermano, alma gemela de UnderSound Factory y tres filas más abajo un total de 25 personas: algunos de ellos miembros del equipo técnico-artístico, otras, simples espectadores invitados para la ocasión.
¡Dile que suba el volumen al 6!, me decía nervioso Víctor, co-productor y dueño de AM Estudios junto a mi querido Jaime. Cuando comienzan los créditos iniciales, entiendo porqué. Su maravilloso 5.1, recorre la sala golpeándote directo a los tímpanos, empieza y ya no te suelta…
Durante 17 minutos, el corto enseña sus armas, orgulloso, sabedor de lo que es capaz. He visto Libby 300 veces y cada uno de esos visionados los he disfrutado como si fuera un espectador más, no quería que se acabara, no he mirado el reloj o rebobinado, me lo he zampado con patatas. ¡Gracias Lolo, Nacho, Mario, Víctor, Bonacho, Kiko, Cris, Luz, Nuri, Jorge, Rebeca, Alfredo, Dali…a todos, GRACIAS!.
Unas risas nerviosas se escuchan tras el potente desenlace final; desde luego la mejor forma de relajar sus cuerpos en tensión. La cámara persigue a mi amigo Alfredo Alba por las antiguas galerías del rastro de Madrid, el epílogo perfecto que tantas discusiones puso sobre la mesa y que efectivamente, pule a la perfección una maquinaria que no decae ni un solo segundo, que va a más.
Aplausos en la sala. Abrazo a mi hermano mientras sigue sonando la preciosa partitura de David Bonacho. El vértigo se transforma en emoción...este corto me ha quitado demasiadas cosas. Nunca había llorado tras una proyección, supongo que es tensión acumulada.
Me cuentan que en conjunto, es el mejor trabajo que hemos hecho y yo me alegro, porque creo que es cierto.
No hay tiempo para compartir más opiniones, LIBBY empieza una vez más…Cuando las luces de la sala 6 de los cines Dreams se apagaron, debo reconocer que sentí vértigo…